Manos a la obra
Dar y recibir masajes es uno de los recursos más simples y prácticos para aliviar contracturas y combatir el estrés. Sin aparatos, pilas ni cables. Cómo aprovechar lo mejor de las técnicas orientales para relajarnos en casa.
Relajan, estimulan y calman molestias. Los masajes constituyen uno de los mejores legados de la cultura oriental, tan atenta a proporcionar recursos para sentirnos bien. El shiatsu es una de las técnicas más conocidas, que se basan en la acupuntura para restablecer el equilibrio físico y energético. Shiatsu, en japonés, quiere decir “presión con los dedos”. Es justamente esta presión la que abre los canales energéticos para que fluya la energía por todo el cuerpo.
Otro de los masajes que ayudan a sentirnos bien es el Reiki, cuyo eje fundamental son los seis meridianos que terminan en los pies: cada órgano del cuerpo está relacionado con alguna zona de la planta del pie.
Por otra parte, el masaje que se aplica con piedras calientes ayuda a oxigenar la sangre y armoniza el organismo. Se utilizan piedras chatas, de río, y se calientan hasta alcanzar una temperatura agradable y relajante. Finalmente, el masaje tailandés, concebido para aliviar tensiones, mediante la compresión y estiramiento de las partes del cuerpo afectadas.
En todos los casos, las claves para disfrutar estos masajes residen en que el profesional que los aplica encuentre la presión justa y necesaria para promover la relajación de la persona que lo recibe.


