A mover el esqueleto
Se sabe que la fórmula que incluye una dieta saludable combinada con actividad física es la aliada ideal de la belleza física. Por dentro y por fuera el cuerpo agradece los alimentos sanos y la elasticidad que otorga el movimiento. 
De un tiempo a esta parte los concursos de baile que llegan a miles de hogares por TV pusieron al tango, la salsa, el jazz o el hip hop al tope de los rankings de preferencias. Cada vez son más los que inician clases de baile con una doble intención. Por un lado, moverse al ritmo de una canción pegadiza colabora en la tonificación del cuerpo y lo ayuda a mantenerse en forma. Pero también, libera tensiones y es una opción divertida para socializar y pasarla bien. Más allá de la competencia en una pista profesional, son muchos los que eligen tomar clases como una alternativa amena para perder peso. El hecho de vincularse y generar relaciones tiende una red de contención natural, donde el rendimiento pasa a ser una cuestión grupal, no tanto individual. La práctica de las rutinas para componer las coreografías implica un compromiso general, que facilita la continuidad con la actividad. Cuerpo y alma, agradecidos.
